Ejercicio de producción escrita de una mis queridas alumnas de español.
Les invito a leer este excelente relato creado a partir de la secuencia de actividades de la canción "El cuarto de Tula" de Buena Vista Social Club que compartí en la última entrada del Blog.
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| "Buena Vista Social Club" by Marco Gomes |
En el barrio de La Cachimba, en una casita blanca con puertas y ventanas verdes, nació una chiquita de cabello negro y ojos grandes. Su papá se fue cuando ella aún era una niña, dijo que iba a comprar cigarrillos y nunca más volvió. A su mamá no le importó. El mismo día se fue al mercadito y compró un montón de velas para el altar de la santa. Le dijo a su hija:
- Todos los días hay que poner una vela para tu papá, Gertrudis.
- ¿Por qué, mamá?
- Es lo que hay que hacer para los muertos.
Así lo hizo hasta que tanto tiempo pasó, que el único recuerdo que tenía de su papá era la costumbre de encender una vela. También había una fotografía escondida en el cajón de su mamá y a veces la cogía para mirar. En la foto había una pareja bailando, su papá y su mamá, por supuesto. Ella fue una gran bailarina de las noches de La Habana, pero después de que su marido se fue, no quiso seguir bailando, decía que ningún hombre sabría conducirla. Empezó a trabajar como modista y Gertrudis la ayudaba, así que siempre fue la chica con los vestidos más bonitos del barrio, uno de cada color, con faldas que acompañaban su caminar y encantaban a todos. ¡Es una sirena con pies!, decían los vecinos. Cuando su mamá no estaba en casa, le gustaba bailar con los discos antiguos que estaban en el sótano de la casa. Sentía que el ritmo estaba en su cuerpo, como que sus huesos fueran baquetas de percusión, su respiración un soplo instrumental, su venas las cuerdas tocando la sangre por todo su cuerpo. En la noche que completó dieciocho años, salió por la ventana después que su mamá se durmió y fue hasta Buena Vista, el club de su ciudad. Se Puso su vestido rojo y el cabello largo caía suelto en su cintura, así que cuando empezó a bailar todos la miraban y preguntaban su nombre. Los músicos que solían tocar ahí quedaron tan encantados que perdieron el ritmo, pero Gertrudis no, ella bailaba bien incluso cuando la música estaba fuera de ritmo.
- ¿Cuál es tu nombre? - Preguntó Ibrahim, el cantante.
- ¿El mío? - respondió ella un poco avergonzada. .
- ¡Sí, tú! La bailarina.
- ¿Tú la bailarina? - contestó ella que no podía creer que alguien la había llamado de bailarina!
- ¡Tula Bailarina, qué lindo apodo! - dijo Marcos.
Esto la hizo reír y no lo corrigió, Tula le parecía perfecto. Pasó a huir de casa todos los viernes por la noche para bailar en el Buena Vista y se volvió famosa. Tula Bailarina, era como la llamaban. Mejor así, su mamá no conocía a ninguna Tula y ella hacía de todo para que su mamá no la descubriera. Encendía la vela y le decía a su mamá que se iba a dormir, sin que su mamá se diera cuenta ya estaba en la calle camino del club. Naturalmente, los músicos se enamoraron de ella y del ritmo que llevaba en su cuerpo. Ella también se enamoró de ellos y como le parecía imposible elegir a uno, decidió salir con todos en secreto. Secreto para ellos, por supuesto, ya que los chismes del barrio no tenían otro tema. A Tula no le molestaba, le gustaba bailar y no hacía caso de nada más. Un día, antes de que empezara el baile, Eliades les contó a los otros músicos que le gustaría pedirle a Tula que se casara con él.
- ¡Pero Tula es mi novia! - contestó Carlo.
- ¿Cómo? ¿Estás loco? ¡Este pollo es mío! - dijo Marco.
Así todos se dieron cuenta de algo que en verdad ya sabían, se enamoraron de una mujer que no pertenecía a nadie. Empezaron la noche con canciones tan tristes que las personas casi se durmieron, pero cuando Tula llegó al club, las canciones se pusieron llenas de odio. Ella bailaba mientras ellos aumentaban el ritmo, cada vez más rápido, más rápido, ella bailaba tan rápido que echaba chispas por el salón. Hasta que un chillido hizo parar todo .
- ¡Tula, tu casa cogió candela! Venga, tu mamá está en la calle gritando tu nombre.
En el barrio se ha formado una corredera hasta la casa, todos ayudando a apagar el fuego del cuarto de Tula, incluso los músicos de Buena Vista.

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